Granjas de cinco estrellas

 

Gallineros Hibramer - Carlos Arranz

Las normas de la UE sobre bienestar animal en avicultura y porcino exigen inversiones de 1.300 millones de euros en ambos sectores. Las nuevas reglas elevan entre un 10% y un 25% los costes de producción. El sector perderá capacidad para competir con terceros países.

El bienestar animal, desde la producción al sacrificio, constituye uno de los retos en los que está empeñada la Administración comunitaria en los últimos años. Bruselas ha justificado la exigencia de dar un buen trato a los animales por razones éticas y morales y en respuesta a un sentir de la sociedad. Hoy, la UE condiciona medidas de ayuda al cumplimiento de las normas sobre bienestar animal. En un futuro, ese cumplimiento puede suponer, ni más ni menos, que la posibilidad o no de comercializar un producto.

La avicultura de puesta ha sido el primer sector afectado hasta ahora por la exigencia de tener adaptadas las instalaciones a la nueva normativa, que entró en vigor el pasado 1 de enero.

España dispone de unas 1.200 granjas, con un censo de 44 millones de unidades y una producción superior a los 1.000 millones de docenas de huevos. De ese volumen, más del 95% son huevos producidos por gallinas ubicadas en jaulas. Hasta la fecha, el sistema de producción en jaulas preveía la existencia de 10 animales, con una superficie por unidad de 550 centímetros cuadrados. Con la nueva reglamentación, las jaulas deben ser más grandes, para dar cabida a 20 o más animales, pero con una superficie por unidad de 750 centímetros cuadrados.

Estos cambios suponen la necesidad de disponer de más espacio para ubicar el mismo número de animales. Su cumplimiento ha exigido la reforma de las naves, la construcción de otras y ajustes en los censos. Las jaulas deben cumplir, además, una serie de exigencias, como la composición de los materiales del suelo, que sirvan de escarbaderos, y la disponibilidad de bandejas para el baño con arena. Igualmente, los animales deben disponer de un espacio separado por una cortinilla para que las gallinas hagan la puesta en la intimidad, lejos de las miradas del grupo.

Según los datos de los productores, el proceso para modificar jaulas y, en otros casos, las propias granjas, representa un coste inicial de casi 20 euros por animal, lo que equivale a unos 600 millones de euros para todo el sector.

Desde el inicio de 2012 no se puede comercializar ningún huevo que no haya sido producido en granjas con las nuevas instalaciones para su consumo en fresco. Las granjas que no hayan incorporado las reformas, pero que se hayan comprometido a realizarlas, deberán tener listos los cambios para antes del 31 de julio. Mientras tanto, los huevos producidos en ellas se deben destinar para su consumo en la hostelería y la restauración o para la obtención de ovoproducto. Además, cada uno de los huevos deberá ir marcado con un punto rojo. Tampoco se pueden exportar.

Las granjas que no hayan hecho la reforma ni asumido el compromiso de hacerla, tendrían que haber cerrado el pasado 1 de enero. Igualmente, deberán cerrar el próximo 31 de julio las que hayan suscrito el compromiso de modificar instalaciones y no lo lleven a efecto en ese plazo.

Para la Asociación de Productores de Huevos, la aplicación de esta normativa sobre bienestar animal aumentará los costes de producción en un 25%. España exporta, aproximadamente, el 15% de su producción. Se teme que la actual situación pueda favorecer las importaciones desde fuera de la UE y paralizar las exportaciones a terceros países donde no existen estas exigencias.

En la avicultura de carne, las reglas sobre bienestar animal en vigor responden a una directiva de 2007. Las normas afectan a cuestiones relacionadas con la densidad de animales por metro cuadrado (ha de ser de 33 kilos de peso, pudiendo llegar a los 37); la temperatura de las instalaciones (por debajo de los 30 grados); las horas de luz; la composición de las camas o suelos para que los animales no se hagan heridas, gracias a la utilización de paja, serrín y cáscara de arroz, y el control de los olores que provoca el amoniaco producido por los residuos de los animales.

La aplicación de las exigencias comunitarias no tiene problemas para el sector español, puesto que se redactaron pensando en la climatología de los países del norte, más fríos y con menos horas de luz. En España, por la existencia de mayores temperaturas, los avicultores son los primeros interesados en cumplir esos baremos de densidad o calor, simplemente para evitar la mortandad de los animales.

Tras la avicultura de puesta, el siguiente en el turno para introducir mejoras como consecuencia de la política comunitaria de bienestar animal es el porcino. El plazo que se fijó para él es enero de 2013. La normativa afecta especialmente al alojamiento de las cerdas y, en menor medida, a los animales de cebo.

España cuenta hoy con algo más de 90.000 granjas de cerdos, de las que unas 40.000 tienen madres. La medida no afecta a las explotaciones con menos de 10 animales, por lo que solo se aplicaría a unas 23.000 granjas.

La reglamentación sobre bienestar animal exige que las madres, en lugar de estar en alojamientos individuales, se hallen en grupos con una superficie mínima por animal de 1,48 metros cuadrados, si se trata de cerdas jóvenes, y de 2,48 metros para las adultas. El alojamiento en grupos deberá hacerse desde las cuatro semanas después de la cubrición y hasta una semana antes del parto.

El coste de estos cambios se estima entre 125 y 200 euros por animal. Con un censo de 1,5 millones de cerdas, el monto total ascendería a unos 300 millones de euros, según los datos manejados por la organización sectorial Asociación Nacional de Productores de Porcino.

En el caso de los animales para cebo, más de 40 millones de unidades, las exigencias se concretan en el espacio y, sobre todo, en la construcción de suelos con la existencia de rejillas y sumideros para facilitar el bienestar de los animales. El coste de esta adaptación por animal se estima en unos 15 euros, y el gasto total, en 400 millones de euros.

La aplicación de la normativa en todo el sector se calcula que puede suponer un incremento de costes del 10%. Como en la avicultura, este aumento puede ser un handicap a la hora de vender en el exterior, donde se coloca el 30% de la producción.

Otras producciones importantes, como el vacuno, no se ven afectadas por nuevas exigencias de bienestar animal.

Etiquetar bienestar

A la hora de etiquetar los productos ganaderos, las principales razones para su diferenciación se hallan en el tipo de alimentación administrada a los animales y si estos han estado estabulados, en cría intensiva o en libertad.

En el porcino ibérico existe el cerdo de bellota, criado en libertad y con ese producto como base de su alimentación; el de recebo, criado en libertad y con la fase final de engorde con pienso, y el de cebo, criado en granja intensiva con base de pienso. Hay pollos en libertad, de corral y de avicultura intensiva.

La avicultura de puesta es uno de los sectores donde existe la mayor información en el etiquetado sobre el tipo de explotación. En la referencia que figura impresa en cada huevo, el primer número refleja el tipo de producción: el 3, para un huevo de gallina en jaula; el 2, para un huevo de gallina de suelo o de gallinero, donde se mueve en libertad; el 1, si procede de gallinas camperas, y el 0 si es de gallinas camperas con alimentación ecológica.

En un futuro, la etiqueta podría reflejar también si un producto procede o no de un animal criado de acuerdo con las normas sobre bienestar animal, según una vieja iniciativa de la Comisión Europea, actualmente en punto muerto.

Fuente: VIDAL MATÉ 15 ENE 2012 – EL PAÍS

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